sábado, 12 de marzo de 2011

David Viñas





DAVID VIÑAS: EL ÚLTIMO DUELISTA


Por Edgardo H. Berg



Tengo sobre mi escritorio el último libro que dirigió David Viñas, De Alfonsín al menemato (1983-2011), volumen colectivo en el que tuve la dicha de participar con un ensayo, y que retoma las preocupaciones y el proyecto iniciado en 1989, por Viñas, de construir una historia social de la literatura Reviso el libro y la noticia de la desaparición física del autor me lleva al pasado, o mejor, al presente del pasado.
Hacia mediados de los ochenta, todavía devoto y entusiasta lector de poesía y narrativa europea y norteamericana, comencé a leer un libro que me cambió radicalmente mi indolencia y desdén como estudiante universitario. Cursaba Literatura Argentina en la Facultad de Humanidades, en el viejo edificio de Maipú y Marconi, y la lectura de Literatura Argentina y realidad política (1964) de David Viñas me despertó como un puño golpeando mi cráneo, como diría Kafka en su Diario, y viró radicalmente mi modo de pensar y analizar la cultura nacional. Creo que a partir de ahí, comenzó mi interés por la literatura argentina y la crítica, mejor dicho en ciertas forma de la crítica, antes de pasar por T. W. Adorno, Walter Benjamin, Bajtín o Barthes, Rosa, Ludmer, Sarlo o Piglia. El libro planteaba, a través de una serie obsesiva de metáforas y de motivos de transporte, la ineludible relación entre la constitución y el desenvolvimiento de la literatura nacional y la política, las analogías y correspondencias entre la serie cultural y la serie histórica, entre teoría política y praxis artística, siempre vistas desde una posición ética e ideológica que iba del análisis textual a los posibles entreveros y cruces con los acontecimientos y determinaciones epocales. El libro se apartaba claramente de la crítica tradicional que ocultaba, en la mayoría de los casos, las determinaciones ideológicas y políticas de la cultura. Más o menos sobre la misma época que cursaba en la Facultad, mi interés se traslado del ensayo a la obra novelística de Viñas, en particular, sobre Dar la cara (1962), que de un modo emblemático condensaba los debates ideológicos y culturales de la época del frondizismo. Junto con un amigo de Letras y dos compañeros de la carrera de Historia intentamos plantear, siendo todavía alumnos, un proyecto que abarcara el contexto de esa época, la revolución cubana, la relación entre los intelectuales y el gobierno de Frondizi, el peronismo, vistos desde la producción literaria y cinematográfica; y, por supuesto, como suele ocurrir con los primeros e iniciales proyectos, que suelen ser los más apasionados, fue rechazado por las autoridades de investigación porque no permitían proyectos grupales de alumnos.
Más tarde leí su otro gran libro de ensayo Indios,ejército y frontera (1982), texto escrito en su exilio y que es, creo yo, el mejor homenaje que hizo en vida el autor a sus hijos María Adelaida y Lorenzo Ismael, secuestrados y desaparecidos por la última dictadura militar. De un modo, si se quiere alegórico o translaticio, une dos contextos históricos y traza un paralelo, admirable, entre los orígenes y la constitución del Estado nacional y el autollamado Proceso de Reorganización Nacional, a partir de la espacialización de la soberanía política y su consecuencia: el genocidio. Bajo el terror estatal los sujetos sociales pueden ser despojados del territorio que habitan o expulsados, cerca de los alambrados electrificados de los Centros de Exterminio.
Podríamos decir que la obra de David Viñas, su obra ensayística y ficcional, nos sumergen al mundo silente de las entrañas del poder (del poder militar, del poder económico o político), quiero decir nos sumergen en las vísceras de la realidad y la historia argentina; de ahí su voluntad de estilo “visceral”, su desborde verbal que no tiene pelos en la lengua. La posesión de la palabra, como se suele decir, es un cuchillo de doble filo, peligroso y comprometedor. La voluntad de estilo, la fuerte entonación, polémica y virulenta, la gestualidad del cuerpo de su escritura entra en correlación con el efecto de marcación de la voz, con la ineludible identificación entre el sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciado. No se trata de un juego de doble paño, ni de engolar la voz. Ni chicha ni limonada. Dar la cara. Mostrarse y demostrar. Poner el cuerpo –el cuerpo de la escritura-. Frente a la ortodoxia y los desmanes del intelectual devenido en funcionario del Estado, el cuestionamiento. La verdadera predicación de David Viñas siempre será vehemente, molesta, inoportuna. Como dijo alguna vez el propio Viñas de Roberto Arlt, su figura de autor se asemeja a un parlamentario “que denuncia automáticamente todas las reglas del juego y por eso golpea, patea, despotrica y termina por pegarle al referí”. Lo que persiste en sus textos, más allá de los contextos de enunciación y sus formulaciones discursivas, es una voluntad nacional, un cuerpo a cuerpo con la historia argentina.
Si me apuran, digo: David Viñas, el último duelista.


Nota extraída del blog: http://salierishistoria.wordpress.com (sección “Palabras transitorias”)

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