sábado, 12 de marzo de 2011

David Viñas





DAVID VIÑAS: EL ÚLTIMO DUELISTA


Por Edgardo H. Berg



Tengo sobre mi escritorio el último libro que dirigió David Viñas, De Alfonsín al menemato (1983-2011), volumen colectivo en el que tuve la dicha de participar con un ensayo, y que retoma las preocupaciones y el proyecto iniciado en 1989, por Viñas, de construir una historia social de la literatura Reviso el libro y la noticia de la desaparición física del autor me lleva al pasado, o mejor, al presente del pasado.
Hacia mediados de los ochenta, todavía devoto y entusiasta lector de poesía y narrativa europea y norteamericana, comencé a leer un libro que me cambió radicalmente mi indolencia y desdén como estudiante universitario. Cursaba Literatura Argentina en la Facultad de Humanidades, en el viejo edificio de Maipú y Marconi, y la lectura de Literatura Argentina y realidad política (1964) de David Viñas me despertó como un puño golpeando mi cráneo, como diría Kafka en su Diario, y viró radicalmente mi modo de pensar y analizar la cultura nacional. Creo que a partir de ahí, comenzó mi interés por la literatura argentina y la crítica, mejor dicho en ciertas forma de la crítica, antes de pasar por T. W. Adorno, Walter Benjamin, Bajtín o Barthes, Rosa, Ludmer, Sarlo o Piglia. El libro planteaba, a través de una serie obsesiva de metáforas y de motivos de transporte, la ineludible relación entre la constitución y el desenvolvimiento de la literatura nacional y la política, las analogías y correspondencias entre la serie cultural y la serie histórica, entre teoría política y praxis artística, siempre vistas desde una posición ética e ideológica que iba del análisis textual a los posibles entreveros y cruces con los acontecimientos y determinaciones epocales. El libro se apartaba claramente de la crítica tradicional que ocultaba, en la mayoría de los casos, las determinaciones ideológicas y políticas de la cultura. Más o menos sobre la misma época que cursaba en la Facultad, mi interés se traslado del ensayo a la obra novelística de Viñas, en particular, sobre Dar la cara (1962), que de un modo emblemático condensaba los debates ideológicos y culturales de la época del frondizismo. Junto con un amigo de Letras y dos compañeros de la carrera de Historia intentamos plantear, siendo todavía alumnos, un proyecto que abarcara el contexto de esa época, la revolución cubana, la relación entre los intelectuales y el gobierno de Frondizi, el peronismo, vistos desde la producción literaria y cinematográfica; y, por supuesto, como suele ocurrir con los primeros e iniciales proyectos, que suelen ser los más apasionados, fue rechazado por las autoridades de investigación porque no permitían proyectos grupales de alumnos.
Más tarde leí su otro gran libro de ensayo Indios,ejército y frontera (1982), texto escrito en su exilio y que es, creo yo, el mejor homenaje que hizo en vida el autor a sus hijos María Adelaida y Lorenzo Ismael, secuestrados y desaparecidos por la última dictadura militar. De un modo, si se quiere alegórico o translaticio, une dos contextos históricos y traza un paralelo, admirable, entre los orígenes y la constitución del Estado nacional y el autollamado Proceso de Reorganización Nacional, a partir de la espacialización de la soberanía política y su consecuencia: el genocidio. Bajo el terror estatal los sujetos sociales pueden ser despojados del territorio que habitan o expulsados, cerca de los alambrados electrificados de los Centros de Exterminio.
Podríamos decir que la obra de David Viñas, su obra ensayística y ficcional, nos sumergen al mundo silente de las entrañas del poder (del poder militar, del poder económico o político), quiero decir nos sumergen en las vísceras de la realidad y la historia argentina; de ahí su voluntad de estilo “visceral”, su desborde verbal que no tiene pelos en la lengua. La posesión de la palabra, como se suele decir, es un cuchillo de doble filo, peligroso y comprometedor. La voluntad de estilo, la fuerte entonación, polémica y virulenta, la gestualidad del cuerpo de su escritura entra en correlación con el efecto de marcación de la voz, con la ineludible identificación entre el sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciado. No se trata de un juego de doble paño, ni de engolar la voz. Ni chicha ni limonada. Dar la cara. Mostrarse y demostrar. Poner el cuerpo –el cuerpo de la escritura-. Frente a la ortodoxia y los desmanes del intelectual devenido en funcionario del Estado, el cuestionamiento. La verdadera predicación de David Viñas siempre será vehemente, molesta, inoportuna. Como dijo alguna vez el propio Viñas de Roberto Arlt, su figura de autor se asemeja a un parlamentario “que denuncia automáticamente todas las reglas del juego y por eso golpea, patea, despotrica y termina por pegarle al referí”. Lo que persiste en sus textos, más allá de los contextos de enunciación y sus formulaciones discursivas, es una voluntad nacional, un cuerpo a cuerpo con la historia argentina.
Si me apuran, digo: David Viñas, el último duelista.


Nota extraída del blog: http://salierishistoria.wordpress.com (sección “Palabras transitorias”)

)

martes, 23 de noviembre de 2010



Publicado por la Editorial Paradiso, acaba de salir el libro “De Alfonsín al menemato (1983-2001)”, el volumen VII de la colección "Literatura argentina del siglo XX" dirigida por David Viñas. En él se encuentran ensayos críticos sobre la producción literaria del período que va de 1983 a 2001. La literatura y cultura argentinas del período se lee en consonancia con el retorno a la democracia en la década de los ´80´, la implantación de las políticas neoconservadoras durante los últimos ´90´, bajo la presidencia Carlos Saúl Menem, hasta la crisis de diciembre del 2001 y el cuestionamiento de la ciudadanía de la representación política que marcó un punto de viraje en la historia argentina contemporánea. Compilado por Rocco Carbone y Ana Ojeda, el volumen colectivo reúne importantes trabajos críticos de Edgardo H. Berg, Domin Choi, Maximiliano Crespi, Jung Ha Kang, Guillermo Korn, Irmtrud König, María Pía López, Ilaria Magnani, Diego Molina, Graciela Montaldo, Isabel Quintana, Jorge Quiroga, Eduardo Rinesi, Rosana López Rodríguez, Dardo Scavino, Laura Vázquez y Marcos Wasem.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Presentación de "Papeles en progreso"



El libro que vamos a presentar, Papeles en progreso. Usos y relectura de la tradición en la literatura argentina, fue publicado este año, en octubre del 2010. El volumen forma parte de una serie de intervenciones críticas y reproduce, parcialmente, las discusiones, las especulaciones, las hipótesis de lectura y los diálogos que mantuvimos, en reuniones de trabajo y en comunicaciones electrónicas, a lo largo de un año, aproximadamente, aunados como integrantes de un proyecto de investigación de la UNMdP.
La lucha por y contra de las tradiciones constituye una parte fundamental de la actividad cultural contemporánea. Como delegación de un archivo, como carta fechada a destiempo, como un sueño suspendido entre dos tiempos, como un eco vago de un fraseo o como una melodia discontinua que resuena a borbotones, la tradición o mejor el uso de las tradiciones en nuestra etapa contemporánea, siempre deja el rumor de algo que viene migrante y es de ningún lugar. Y este libro intenta pensar el tráfico y el intercambio de los discursos a partir de una relación palimpsestuosa con la tradición.
Papeles en progreso retoma las variables de un imaginario nacional en una sucesión de cuadros y escenas, anudadas en bucles y lazos, lazos desatados y vueltos a atar, escenas interrumpidas y otra vez conectadas, como una road movie vertiginosa y siempre desplazada. La transmutación de los valores y de las jerarquías, la apuesta de una literatura emancipada a partir de la permutación de un paradigma estético (ideológico y clasista) y la disolución del sistema normativo de las bellas artes, es el recorrido que traza Pablo Montoya en su ensayo. Joaquín Correa se detiene en la tarea del antolólogo, en Walsh, como forma de distanciamiento del pasado literario y cifra del libro “extraño”. Extranjero frente a la tradición heredada, allende y situado fuera de campo, Walsh prepara en la reunión de textos completos, distanciándose claramente de la antología fragmentaria del cuento fantástico de Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges y Silvina Ocampo, la literatura del porvenir. Nancy Fernández prefiere ver las imágenes alucinadas y oníricas de la lectura vanguardista de Zelarayán y la lengua filosa de los hermanos Lamborghini que, como un sueño o una partida de truco y un desafío, expande los tonos de la violencia que modula los comienzos de la serie cultural argentina, salpicada por el viscoso caldo de sangre. Fabián Soberón descubre las relaciones descentradas y equívocas con los modelos del género policial, en el traspaso del uso literario y del cinematográfico, en la relación entre Juan José Saer, Ernesto Mayo, Sergio Renán y Pablo Trapero. Joca Wolff apuesta al encuentro inesperado e imprevisible, entre el pringlense Arturo Carrera y el carioca Arthur Omar, entreverando el trazo deslumbrante y eficaz de una fotografía y un poema, en el momento en que la palabra y la imagen adhieren a la certeza de una epifanía. Sebastián Hernaiz recorre las revistas literarias de los últimos noventa como formas veladas de la autobiografía cultural y bancos de prueba y laboratorios de la crítica, que en sus postulaciones más acertadas reformulan el estatuto literario y privilegian la constitución de nuevos objetos culturales y la apertura de lo literariamente legible. Daniel Nimes se arriesga en transitar por una poética ingobernable y difícil de rotular, en Fabián Casas, que sin embargo, más allá de la presunta poda y corte de raíces, en un ensayo bonsái, articula ficciones de simulacro de origen e inscribe el cruce de series, en un diálogo desplazado con la tradición. Daniel Mesa Gancedo experimenta de los límites de lo comunicable en La intemperie de Gabriela Massuh, los pliegues porosos de una novela que problematiza la noción de esferas diferencias y articula una economía informal y en constante flotación. Uniendo, de este modo, las escenas del flirteo amoroso, mediadas por el chat y los emails, y un mundo social y político que se derrumba y se desmorona hacia el año 2000. Como metáforas de una lógica del traspaso y al modo de un sampleado, estas son algunas de las imágenes y escenas móviles que se despliegan en el libro.
Los autores de Papeles en progreso. Usos y relectura de la tradición en la literatura argentina preferimos pensar este libro como un cuaderno de notas o apuntes deshilachados y previos. Como si pudiéramos esparcir del convite literario las migajas críticas de un libro futuro. La demora y la dilación de esta relación pasional con los objetos de lectura, si se quiere, son un desvío hacia delante, un punto de avance.


Edgardo H. Berg (Mar del Plata, 14 de noviembre de 2010, Sala José Hernández, 6º Feria del Libro de Mar del Plata, Puerto Lectura).

viernes, 12 de noviembre de 2010



VI Feria del Libro “Mar del Plata, Puerto de Lectura”
Mártes 16 de Noviembre
16 HS. SALA JOSÉ HERNÁNDEZ
CICLO IDENTIDAD, EDUCACIÓN Y CULTURA
Presentación del libro “PAPELES EN PROGRESO”
a/c de EDGARDO BERG (Director), JOAQUIN CORREA, NANCY FERNÁNDEZ, PABLO MONTOYA, DANIEL NIMES, DANIEL BAINO.
Organizan: UNMDP y Asociación Identidad Sur

sábado, 9 de octubre de 2010

JOSEFINA LUDMER


Josefina Ludmer deslumbró en Mar del Plata. Nos debiamos una charla pública con ella y tuvimos la ocasión de invitarla, escucharla y dialogar en un productivo encuentro entre alumnos, docentes y graduados. Esto fue el viernes 8 de octubre en la Facultad de Humanidades de la Unmdp. La conferencia se llamó "Lo que viene después" y giró alrededor de cuestiones que desarrolla en su último libro, Aquí América Latina. Una especulación (Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2010). De esto se trata cuando los objetos culturales, mas lejos de las modas que del presente real, generan polémica e interrogantes: cuando todavía se busca pensar.

lunes, 27 de septiembre de 2010



Papeles en progreso. Usos y relectura de la tradición en la literatura argentina, Edgardo H. Berg (comp.). Mar del Plata, UNMdP, Octubre de 2010.

“Esbozos. Exploraciones. Tentativas. Ficciones especulativas. Las notas y artículos de este libro pretenden abordar las operaciones, los modos de leer y producir sentidos en algunos textos de la cultura argentina contemporánea. Diseñar nuevos contornos en los modos de pensar y de procesar los materiales de una economía literaria: los tráficos e intercambios discursivos, los anclajes de los sistemas de enunciación, las apropiaciones y los usos. Los autores de este volumen prefieren pensar este texto al modo de un cuaderno de notas o apuntes deshilachados y previos. Como si pudiéramos esparcir del convite literario las migajas críticas de un libro futuro. La demora y la dilación de esta relación pasional con los objetos de lectura, si se quiere, es un desvío hacia adelante, un punto de avance" (fragmento de Papeles en progreso).

En octubre de este año comenzará a circular un nuevo libro compilado por Edgardo H, Berg, bajo el título de Papeles en progreso. Usos y relectura de la tradición en la literatura argentina, con trabajos de Pablo Montoya, Joaquín Correa, Nancy Fernández, Fabián Soberón, Jorge Wolff, Sebastián Hernaiz, Daniel Nimes y Daniel Mesa Gancedo.

martes, 21 de septiembre de 2010

Revista Grumo

INDICE GRUMO 8


ANACRONISMOS
Dossiê
Presentación| Apresentação
Violencia política, autobiografía y testimonio
Leonor Arfuch
Itinerarios. Sobre Cómo miran tus ojos de María Soledad Nívoli y
Ausencias de Gustavo Germano
Jordana Blejmar
Viaje e invención de América Latina. Entre el pop y el neobarroco
Valentín Díaz
Restauração, restituição. Agamben entre arte e filosofia
Raúl Antelo
DOCUMENTÁRIO CONTEMPORÂNEO
Dossiê
Presentación: El cine más allá de lo real.
Diana Klinger y André da Paz
Sob o risco das imagens: a cena na cena
Cezar Migliorin
Memoria y olvido en el documental latinoamericano contemporáneo
Antonio Zirión
Jogos de cena: a indeterminação sob suspeita em dois filmes
brasileiros recentes
Ilana Feldman
RESENHAS
Sobre Telquelismos latinoamericanos. La teoría crítica francesa en el
entre-lugar de los trópicos, de Jorge Wolf
Juan Mendoza
Sobre Estive em Lisboa e lembrei de você, de Luiz Ruffato
Paloma Vidal
Sobre Subjetividades em devir: estudos de poesia moderna, de Celia
Pedrosa e Ida Alves (org.)
Antonio Andrade

Poesía Plebella

PLEBELLA Nº 20

20 números, una fiesta, no?


visión de lento bisonte...

la luz más insumisa

reynaldo jiménez

o sea (poema)

por Reynaldo Jiménez

sentidos sin más perseguir (entrevista)

por Ankh, Freschi y Bustos

perseguir el eco que nos precede

por Juan Salzano

actividad del azogue

por José Kozer

segelín

por Ha Sar Kar

reseñas

la indefensión

Reynaldo Jiménez

por Mariano Massone

Molestando a los demonios

Daniel Samoilovich

por Valeria Melchiorre

JLG/JLG

Jean Luc Godard

por Ana Guillot

ensayos murmurados

Arturo Carrera

por Nancy Fernández

glasé

Rocío Pochettino

por Celeste Diéguez

ultimos 55 min de la mañana

Juan Rearte

por Lucía Caleta

sembradores de fósforos

Cecilia Eraso

artes poéticas/aires contemporáneos

Gael Policano Rossi

Macky Corbalán

AP/AC on line

LOS ÉXODOS DE LA LITERATURA ACTUAL” (FRAGMENTO)



LOS ÉXODOS DE LA LITERATURA ACTUAL” (FRAGMENTO).

POR NANCY FERNÁNDEZ




Aquí América latina
Una especulación
Josefina Ludmer
Eterna Cadencia
2010





Aquí América Latina. Una especulación, el último ensayo de Josefina Ludmer funde la gran formación intelectual, filosófica y teórica que distingue a la autora, con un tono confidencial, secretamente compartido de su experiencia (del presente y del pasado) y de su memoria. Por ello, la ambigüedad entre la teoría y las notaciones autobiográficas, que analizan las marcas de la subjetividad contemporánea (la propia y la colectiva), constituye, de alguna manera, la coartada de este libro. Así, el registro centrado en los hechos políticos de los últimos ’90’ y la mirada de Ludmer detenida en la manifestación de los estados de su sensibilidad, dan cuenta de un corrimiento, tanto de lo que habitualmente conocemos como tesis y estudios, como también de la concepción de lo que la modernidad cultural definió como literatura. Si dar cuenta de la “¡Felicidad!” que le provoca cada encuentro con sus amigos puede sorprender en un estudio lúcido y sagaz de la cultura actual, el estado subjetivo, la manifestación de la intimidad da cuenta en la práctica del nuevo uso que dará a la escritura, marco desde el cual, la autora se dedica a mirar el mundo a partir de materiales, prácticas y políticas (arte, ciencia, medios, televisión, espectáculos, tecnología), de las nuevas comunidades sociales. Podría decirse que este, su último libro, asume una experimentación más radical con la escritura, tomando de los géneros (la crítica, el ensayo, el diario íntimo) como la materia prima del discurso donde coinciden lo público y lo privado. Lejos de abordar los productos culturales como algo dado y establecido, la problematización ahora y siempre fue en Ludmer, una cuestión de principios. Lejos de posiciones ahistóricas y dictámenes calificativos, Ludmer recorre y distingue etapas asumiendo sin prejuicios que el mundo ha cambiado. Es así que, sumergiéndose de lleno en el presente, va a hacer de las palabras, nociones y categorías, funciones adaptables a lo nuevo, evitando dogmas tanto de las modas como de los cánones del gusto. La década del 90´ y los siguientes años 2000 (momentos de la globalización, del neoliberalismo, las comunicaciones cibernéticas) son los segmentos que le permiten especular acerca de las formas que se instalan en un universo en movimiento perpetuo y efímero, allí donde las imágenes y palabras circulan para tomar cuerpo en la imaginación pública. Ludmer abre entradas (posibilidades de lectura), y uno de sus materiales es la literatura cuyo estatuto es el de realidadficción. Algo bien distinto a las ficciones de los 80´. A este lugar de trabajo anónimo y colectivo lo denomina fábrica de realidad y al proceso que borra toda separación entre lo público y lo privado, especulación, proyección utópica de nuevos modos de conocimiento, para lo cual quien piensa (quien imagina, quien explora, interroga y especula) necesita proveerse de nuevos instrumentos y de otra sintaxis. Si “el arte de la especulación” consiste en articular una gramática para las ideas de otros, en el tiempo y el espacio actual, la utopía de la expropiación (como en aquella primera de Tomás Moro) se completa con la concepción chomskiana del lenguaje que funciona como un dispositivo de aptitudes y mecanismos innatos (competence/performance), postulando una disposición genética hacia la producción igualitaria. Ludmer expone las paradojas de la realidad, cuyos síntomas o exponentes serán los nuevos sujetos sociales, nacidos y formados en esta era que no todo lo integra sin dejar despojos, deshechos, restos que no caben en el sistema (Bauman, Saskia Sassen). Así, cada cita personal (Matilde Sánchez, Martín Kohan, Ariel Schettini, Tamara Kamenszain, Héctor Libertella, Luis Chitarroni), serán los pretextos para pensar la ida y la vuelta a la Patria, pero también los nuevos territorios a partir de las modificaciones de la temporalidad y del espacio sin mediaciones para los nuevos usos productivos. Especular será constituir imágenes, potenciarlas en espejo donde la simultaneidad y la ambivalencia, la indiferenciación y la falta de mediaciones entre afuera y adentro (como marca de la visión moderna del universo), diagraman las políticas de la cultura y la afectividad de hoy. Entonces, como la “epistemología del anacronismo” de Didi-Huberman, Ludmer nos permite ver las conexiones y la vincularidad del presente, en constante desplazamiento y migración.
Salir de la esfera específicamente literaria, negar su autonomía al tiempo que se admiten las marcas de procedencia que hablan de su contexto (concursos, librerías, premios, recepción mediática), quiere decir reconocer el fin de un ciclo, allí donde las “literaturas” postautónomas no dejan de reconocer y utilizar el sistema que sanciona y otorga el crédito de la “visibilidad” (en términos de Kohan), aquel que legitima desde el mercado y la institución con prestigio y la pertenencia a un eje o a una formación. Por ello, Ludmer permite discernir entre el gusto y el valor, más allá de que este último ya no funcione como modelo de aceptabilidad y clasificación universal. En este sentido, impugnar la autonomía -y todo lo que sea separación de esferas- es restituir las cosas para el uso común, sin el aura de lo sagrado, ya que la concepción de arte autónomo preserva en cierto modo, un halo de religiosidad (Taussing, Agamben).
Las escrituras actuales no admiten clasificaciones literarias ya que su sentido es salir de la realidad y fabricar presente. Apareciendo como literatura (formato libro, autor, sistema de legitimación mediante premios, otorgamiento de prestigio sobre la base de los medios, concursos y demás) exceden la pertenencia taxativa al ámbito de la realidad o la ficción. Sin metáfora (al decir de Tamara Kamenszain) y surgidas de los cotidiano, estas “literaturas postautónomas” subrayan dos postulados insoslayables: todo lo cultural es económico y la realidad (construida desde los medios, TV, blogs, chat, Internet, e-mail, mensajes de texto) es ficción y la ficción es realidad (punto bisagra con el postulado anterior). Si la realidad es producida por los medios, las tecnologías y las ciencias, esta realidad no pretende ser representada porque ya es pura representación, que incluye al sujeto, al acontecimiento y su potencialidad. Se diría que asistimos al proceso de clausura de la literatura autónoma, abierta por Kant y la modernidad. Su lógica interna más las instituciones en las que se consolidó, ahora ceden el paso al fin de las esferas para reemplazarlas por el pensamiento de la inmanencia de Deleuze. A la pérdida de especificidad le sigue la pérdida de valor, en el sentido de que hoy la escritura pierde poder subversivo y funcionalidad crítica. Si el poema “Ruta” de Roberta Iannamico es un claro ejemplo de la ausencia de tropos y retórica, Cosa de Negros, de Washington Cucurto expone la voz de un narrador donde la ideología pasó a ser un elemento deliberadamente ambiguo.
Después de la década del 90´, se quiebra y desacraliza la unidad del sentimiento-territorio-lengua. Y son esas voces las que ponen en escena las reglas de la profanación en tanto abandono de suelo, nombre y lengua, sin que esto sea transgresión sino escándalo público. El libro cierra con el capítulo “El Imperio”, ahí donde Ludmer analiza sobre los relatos de migración, el pasaje de la nación a la lengua sobre las relaciones entre “territorio y lengua, nación y lengua, exilio y lengua, patria y lengua, imperio y lengua, mercado y lengua”. La película Bolivia de Adrián Caetano, lo muestra a las claras. La experiencia de caer tocando el límite de la lengua y del cuerpo es la de la “afectividad a la intemperie”, allí donde también se pierde la gramática y la comunicación.

lunes, 2 de agosto de 2010

Tres poemas de Ariel Schettini

"Los besantes" (1)


Mis amigos eligieron, para probar que el mundo no existe,
Un mediodía luminoso en un restaurante de Olivos.
Y resolvieron mediante un beso en público,
Que los amantes son lo único real del universo.

Yo ya lo sabía. No tenía necesidad del comentario
Y mucho menos de la demostración empírica.

Para probar que dos amantes
Se descubren a una verdad más real que lo real sensible
Refractarios a la vida y las costumbres
(Los modales son una mentira piadosa
Y ellos experimentaban con el fin de la historia)
Se besaron en un restaurante al mediodía
Entre la elección del menú y la llegada del servicio.

Yo hablaba con palabras
Urgido por establecer todo lo contrario.
Y sacaba temas nerviosos para que no insistan:
La actualidad, los viajes, todo lo inminente y de pasada.
(Ojalá no hubieran sido mis amigos)
Y desde ese planeta remoto de la soberbia enamorada
Los besantes echaban un vistazo a mi frivolidad
mundana y me incluían en todo lo perdido.
Todo lo que habían soltado de la vida y de la realidad
y de Olivos

Yo era testigo de esos besos repetidos
De los que salían íntegros e insatisfechos.
Pero para el resto de los comensales boquiabiertos, era un cómplice.
Sabía que querían probar más y que lo harían.
Y en la mudez estupefacta del restaurante de Olivos,
Se besaron, mientras yo buscaba en el menú algún plato envenenado
Para que ellos
O yo o el restaurante entero
estuvieran muertos

"La salud del Papa"


Confinado a las salas de El Vaticano, aún las más modernas son
Lóbregas y claustrofóbicas.
Más le valdría fijar residencia en
Una estación espacial
Y su bendición diaria orbite para los que desde lejos la esperan
Satélite, intermitente por la distancia y
Titilante por la rotación de la tierra.
Y a la hora de la muerte no lo depositen en la cripta
Común de los otros.
Necrópolis masculina donde moran ya suficientes Papas viejos
Hasta que los católicos concluyan, o más allá.
Un reporte diario en la página web donde se informe
la presión sanguínea, la dieta, la humedad, el ritmo cardíaco sería de máxima utilidad.
Conectado
a un sensor inalámbrico digital que se reproduce en la web
segundo a segundo.

Cada primavera carga una cruz por el coliseo romano
Y actúa en público la fatiga inmensa de los siglos de cristianismo,
O algo verdaderamente grave que lo perturba.

Esta noche de invierno,
Reunido con su pequeño círculo íntimo para tomar una sopa
O para el pequeño ágape que conmemora un episodio
Oficinesco que lo saca de la rutina, con sanguchitos
y masitas consagrados, de su panadería favorita de Roma,
El Papa y sus amigos, cuentan chistes, rezan un poquito por la bienaventuranza de esos
pocos de las oficinas vaticanas
Y se distraen mientras cae la tarde sobre el Tíber.

La salud de su santidad es cuidada por un grupo selecto de profesionales
confiables (todos católicos) y, por eso, sospechosos.
Deberían ser los mejores del mundo,
Porque él imparte su bendición Urbi et orbi sin reservas.
Pero son el cuerpo médico del Vaticano.
Si hubiera más dioses, a esta altura, tendría aliviado el trabajo por efecto de
Vestales, sacerdotes y todo tipo de ungidos en las materias diversas
que separan y ordenan la vida cotidiana.
Pero le tocó esta tarde pronosticada.
Desde ahí sólo se ve el futuro y el fin de las religiones.
Hizo siempre lo que supo para llegar hasta acá:
tramar conspiraciones, serruchar pisos, maquinar conjuras,
construir alianzas y solidificarlas con prebendas y canonjías,
para sostener el poder más raro y más seguro.
Hoy se siente indispuesto y mientras duda entre levantarse
O no de la silla
Se pregunta cuánta gente
Oró por él (contar las visitas a la página web no le rinde, por lo arcaico
y tecnológicamente iletrado de la feligresía)
y hasta qué punto es atinado descansar en la promesa de un grupo de monjitas pías
Que en audiencia privada
Garantizaron que rezan por su salud y por la paz en el mundo.
Un puñado de religiones monoteístas son, efectivamente, menos nobles que
Una creencia con muchos dioses.

Es inevitable, por lo vitalicio del cargo y el progreso de la gerontología,
que lo cuelguen del balcón
Hasta último momento, hasta apenas antes de la muerte, ayudado por
Esos que se relamen pensando en el cargo vacante
(hasta hace poco, él mismo fue parte del grupo)
Y sabe que a cada segundo que una de sus fuerzas declina,
Se abre una grieta reparada por la mano de un ayudante de cámara
Tendida, franca.


"La Media Sombra"


Cuando la noche cae soy otra.
Porque el día es otro y porque cuando el día cae, es la noche.
El día, la noche. El di, la no.

Pero pude haber dicho: cuando el día cae,
Exánime como queda por haber sido día todo el día,
Viene la noche y lo transforma,
Como si fuera un bicho, un animal una bestia noche feroz se levanta
Y el día ya no es el día, es la noche.

El proceso se llama la media sombra.
Las plantas dejan de liberar oxígeno y comienzan a darle carbono al aire, la media sombra también ataca.
como un manto cae como una bestia, la media sombra.
Soy una araña pollito, o una tarántula que hace de la oscuridad su tela.
Que teje durante el día lo inevitable de la noche.
Dejo de respirar, a la media sombra nadie respira, como una araña.
Le das lo que quiere, la ponés en ese estado y así seducida, deja de respirar.

La parálisis del sistema nervioso, dicen, no les impide comprender.
Ponen cara de nada pero lo entienden todo.
Como una araña, que nadie vio jamás respirar, te acercás a la presa que está extasiada, o muda o impresionada o: Fascinada por el efecto de la media sombra.
Y caes sobre ella como una manta raya, con un aguijón en la boca dejás que el fluido penetre las vías respiratorias y paralizás el sistema nervioso central.
¿canto algo? ¿cantaré La Sonámbula cuando te penetre?
Te canto algo como una araña cantora que te fascina. Oíme.
Así empezamos. Yo te canté algo mientras estabas en lo oscuro,
en la penumbra del auditorio,
te vi y empecé a pensarte, yo araña y vos presa de mi tela,
de la voz de mi tela que desde el escenario se tejía como un arma de saliva..

A veces construyo el momento como en un teatro, como un teatro antiguo, donde sos el único oyente y las luces se van perdiendo. Sólo mi voz te sostiene y te fascina, mientras te canto y veo que por mi voz, dejás de respirar.

¿Cómo tomó conciencia Jesús de su materia divina?
¿se enteró un día? ¿o fue un proceso, como quien dice, de aprendizaje?
Iba juntando evidencia en su cuerpo una por una: hoy un milagro,
otro día una revelación y
finalmente un día se plantó y dijo: “soy yo el redentor”.
Como una planta, tampoco conozco el trámite:
¿Cómo pasa la planta de liberar oxígeno chupando dióxido de carbono a hacer exactamente lo inverso?
¿Es un proceso de molécula a molécula? ¿O es una catástrofe de todos los días en las que el sistema nervioso central de la planta (sus nervaduras) deja de producir oxígeno en masa y pasa a envenenar?
Yo sé que en un momento soy una y a la media sombra soy otra.
Y cuando comprendas de qué se trata lo mío,
vas a venir, sin respirar, mudo y fascinado a mis patas

Como la manta raya se apoya sobre la presa para cubrirla,
porque es un milagro, dejar de respirar.
como la araña va a su presa muda con el sistema nervioso central paralizado,
ni viva ni muerta: fascinada.
Si la presa muriera, dejaría de ser un bocado para la araña.
La desecharía de asco por lo podrido.
Es que a cierta hora del ocaso,
a la media sombra de la noche,
oíme,
soy un animal.

Nota

(1) Los poemas pertenecen al próximo libro del autor "El dedo de Galileo".