martes, 17 de noviembre de 2009


Un acercamiento al programa de Boedo. El caso Castelnuovo

(*) Por Pablo Montoya


I

Podemos asumir una perspectiva, que tiene como contexto al Centenario, y uno de sus efectos consecuentes vinculados a la necesidad de configurar en primer instancia un “arte nacional”, que debería operar como pasaporte hacia la construcción de una idea de “Nación”. Esta operatoria no pretendía traducir sus efectos sólo en el plano de lo simbólico: la inmigración se constituia en un problema que progresivamente diversificaba y extendía sus alcances, y más allá de su visibilidad constituía un peligro real para los intereses de una burguesía firme y homogeneizada fundamentalmente desde el gobierno de Roca, en 1880.
Joaquín V González, en este sentido, advertía acerca de “la irrupción informe y turbia de todo género de ideas, utopías, credos filosóficos y políticos que no solo tienden a destruir y borrar los últimos vestigios de la educación tradicional hispanoargentina, sino que llenando los vacíos de esta se han infiltrado en la conciencia de la multitud de las grandes ciudades”(Viñas). El espacio en donde intervenía el pensamiento liberal adquiría, para la clase dirigente, un carácter espiritualizado, primer grado de expropiación: no es la fuerza del trabajo sino una determinada estructura ideológica de neto corte liberal lo que fundaría a la “nación”. Luego, cuando el “problema” se vuelve insostenible y la xenofobia se explicaba a garrotazos, el hombre que está sólo y espera se debatía en el terreno de sus contradicciones: el plan de Sarmiento quedaba como un guante dado vuelta; invertidos los campos semánticos inherentes a los pre-conceptos de civilización.barbarie: el ámbito –abstracto- de la tradición, era ahora el punto de vista utilizado para percibir y enfrentar el desarreglo, en principio, cosmopolita de la ciudad: “el chasco de la inmigración”, decía Sarmiento. De ridículos, en 1880, los inmigrantes pasaron a ser criminales, y luego, socialistas o anarquistas.
II
“La utopía negativa posee una entropía negativa caracterizada por una distancia máxima con respecto a los destinos de la ciudad”(N. Rosa). En términos de perspectiva, una será la ciudad configurada de acuerdo a la dirección centro-periferia; otra, la que se puede establecer en una dirección inversa, e incluso disyuntiva: periferia-periferia, la forma literaria de organización del mundo anarquista, dice Nicolás Rosa. El circuito virtual que funcionaba como generador del proyecto liberal avanza a la medida de sus contradicciones y ruptura, en continuos reacomodamientos que pusieron progresivamente de relieve a su vacío. Plegarse al idilio liberal no significó otra cosa que pactar con un orden democrático de características capitalistas: si la odisea lucrativa se preparaba como un horizonte de sentido atento a las posibilidades reales de movilidad social, la incautación que el Estado lleva a cabo del “sueño de América” se hace carne. Es decir Boedo, y de algún modo más específico Elías Castelnuovo. “(…) Si el éxito privado del liberalismo retacea la realización social del inmigrante(…) ¿es porque el liberalismo necesitaba del fracaso del inmigrante y del hombre con carencias para asegurar su sobrevivencia? El trabajo deteriorado (faltante, incluso) ¿no implica, acaso, más su solución que su problema?” (Viñas).
III
Un considerable espectro de la crítica ha coincidido en sus consideraciones acerca de las formas utilizadas por los escritores de Boedo para resolver la transposición literaria de las problemáticas emergentes en el contexto en cuestión: se les atribuye –en términos generales- una impronta que pone de relieve a un propósito pedagogizante, supeditado a una determinada perspectiva ideológica-política, en desmedro de las efectivas posibilidades que esta escritura emergente tenía a la hora de intentar incidir en lo real: el efecto de lo real, en este sentido, se ahoga de acuerdo a la medida del apego que estas escrituras posean con su referente concreto.
Todo recorte implica una valoración, un posicionamiento estético, pero también político. La corrosión que el destino negado produjo a “la moral del trabajo” hizo de sus restos un peligro, hizo de la idea una decepción; se puede agregar una instancia más a la serie: ridículos- criminales- socialistas o anarquistas- escritores. “La patria prometida” se hundía en el grotesco… “En el revés de la trama de su universalidad abstracta (aquella que convocaba “a todos los hombres del mundo” a hacerse la Argentina) es donde podría leerse la particularidad frustrada que se encarna en el grotesco. La “interiorización” planteada inicialmente tiene este soporte: si el hombre es por definición un animal político, carente de su dimensión política se queda en animal”. Se hablaba, entonces, del “parto” de una nueva nación.. Un cuento de Castelnuovo, Tinieblas, finaliza, precisamente, con un parto a la medida de las circunstancias.
IV

En el prólogo que la editorial Claridad firma para una reedición, en 1941, de “Tinieblas”, cuya primer edición data de 1923, se lee:
“Es de advertir que, hasta esa fecha, entre nosotros, la clase trabajadora no figuraba prácticamente en las obras de imaginación en calidad de materia artística. Figuraba, tan sólo, en calidad de relleno para matizar los relatos y novelas que la clase media escribía siguiendo las inspiraciones de la burguesía. Los preteridos de la sociedad eran conceptuados, entonces, también, preteridos del arte. Los dramas de la miseria y del trabajo eran demasiado sucios para merecer la atención de una literatura tan culta y elevada.”
Unos años después, Beatriz Sarlo:
“Ficción y pedagogía tranquilizan al escritor inquieto por su misión, al mismo tiempo que a través del doble camino del sentimentalismo y el realismo, lo acercan a las estéticas que su público aprendía en la frecuentación de Claridad, en un extremo, y las novelas sentimentales, en otro.”
Es sintomático, decíamos, el uso del eje que asimila a la ficción boediana a la pedagogía, fundamentalmente por la clausura que pretende ejercer al espectro de productividad que eventualmente llegaron a tener aquellas escrituras que como la de Castelnuovo, participaban en Claridad. Entre otras, por el efecto primero de una de las operatorias relevantes, que reside en un movimiento de inversión, o perversión, de aquellas posibilidades de sentido que, en términos generales, excluían a “lo proletario” de la cultura, ya por plebeyo, ya por hacer uso de un realismo inexorablemente reducido a mero comentario de costumbres… Si bien el gesto de Castelnuovo apuntaría a corroborar un carácter reflejo en su concepción de la escritura, cuando consideramos ciertos procedimientos de corrosión como la parodia –del discurso científico-, o la glosa (por ejemplo de la novela sentimental), este carácter pasa a focalizar, en vez del punto de vista, a la imagen perceptible; es decir, aquella que invierte pero también, aquella abominable.

V
Cuando el universal abstracto explícito en las proclamas del programa liberal de inmigración comenzó a mostrar sus limitaciones reales, en términos ya de explotación de los trabajadores, ya de su directa exclusión del mercado laboral, la fragmentación de la unidad (en la conciencia) pretendida, empezó a producir respuestas complejamente encasillables.
El nudo que liga a los protagonistas de “Tinieblas” adquiere por momentos la forma típica de las novelas sentimentales; sin embargo, esta adquisición no contempla el registro moral burgués sino para desahuciarlo, dar cuenta de su ambigüedad, atacarlo si se quiere subliminalmente hasta dejarlo exhausto. Así la constante y repetitiva irrigación de imágenes que denotan animalidad, o que apelan a la dimensión del inconsciente, por medio del sueño o también del deseo (que de hecho, fundidos componen “el pecado”, producen al monstruo).
Con todo, podemos también percibir cómo la corrosión se ejerce, paralelamente, al interior de los ámbitos públicos y privados –talleres atmosféricamente clausurados, conciencias acosadas por la moral cristiana-; es decir, cómo la perversión adquiere una impronta política, institucional, pero también moral, entre otras cosas para mostrar la doble articulación que desencadena la hipocresía, simultáneamente, de la moral burguesa y del proyecto liberal.
VI
El intento denegativo de las formas ehibicionistas de la retórica no se queda en eso: huero es el huevo infecundo pero también, en Argentina, el huevo podrido; lo insustancial, pero también lo germinal; lo que ostenta, desde afuera, la cultura, pero también lo que ostenta lo que “la cultura” dejó afuera; la escritura robada, pero también la escritura perversa. Un verdadero ataque a la moral del diccionario: ¿“miseria de palabras” o palabras miserables?, ¿lo “mudo” o lo sórdido?...
¿”Destitución de lo connotado”, o connotación de lo destituído?. Las tesis de Benjamin. Lo narrable, en todo caso, no es la pobreza en sí sino la experiencia de aquello que en otros términos ha sido denominado como lucha de clases, potencia ejecutora del miasma de aquello que no puede ser codificado. “El verdadero cenotafio de la cultura burguesa”, dice Nicolás Rosa. Luego vendrá Roberto Arlt.

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