martes, 15 de septiembre de 2015

Una libreta migrante

UNA LIBRETA MIGRANTE



Desde hace un tiempo a esta parte, el escritor argentino Sergio Chejfec ha venido reflexionando sobre los cambios que trae aparejado la sustitución y la permutación de la escritura manual y mecánica por el desarrollo de los nuevos formatos digitales. En  lecturas recientes y atendiéndo a procesos escriturarios contemporáneos, se ha detenido en la parcial imbricación de los relatos con la iconografía visual o analógica como formas de validación externa de la literatura y  prueba documental. Al modo de ciertas instalaciones contemporáneas, los mapas en línea, los videojuegos o los simuladores de manejo en pantalla para principiantes, esas nuevas formas de ensamblaje y actuales dispositivos escriturarios permiten pensar al autor, en la transformación del viejo concepto de imitación (desplazando la categoría de representación) por el de la simulación; como si en verdad, estuvieramos atravesando una nueva fase o estadio del realismo. Una forma pensar, si se quiere, la actual interrogación sobre la paulatina descomposición del hecho literario; basta recordar su ensayo El punto vacilante (2005), algunas notas de lectura que circulan en revistas o por la red, la reproducción de sus manuscritos en su conocido blog “La parábola anterior”, su artículo “Lo que viene después”, producto de su intervención en un encuentro realizado en la ciudad de Sevilla sobre “Literatura y después. Reflexiones sobre el futuro de la literatura después del libro”, en el mes de abril del año 2012, o las inscrustaciones fotográficas en algunos relatos de su libro Modo linterna (2013). En su último libro Últimas noticias de la escritura, publicado recientemente por la Editorial Entropía en su colección “Apostillas”, Chejfec vuelve a colocar en el centro de sus reflexiones algunas ideas e hipótesis sobre el estatuto actual de la escritura y del arte contemporáneo.
Los nuevos protocolos tecnológicos y las traspolaciones  escenográficas de algunas herramientas digitales en la esfera del arte, parecen dar muestra de esta incipiente modificación, al  poner en peligro no sólo el principio de secuencialidad literaria; sino también, al mismo tiempo, corroer, a partir de ciertas experiencias colectivas, la noción e imagen de un autor único e indivisible. Testimonios estéticos donde el pasado cultural (libresco) parece disolverse o petrificarse en anaqueles polvorientos; o permanecer fosilizado en bibliotecas destinadas al paseo errante de anacrónicos investigadores, eclipsados bajo la irradiación insomne de sus cristales ópticos.
Si el comienzo de Últimas noticias de la escritura  se abre con la letra manuscrita de Salvador Garmendia que sirve como epígrafe al ensayo, una presencia fantasmática invade el texto. En este sentido, el último libro de Chejfec puede ser leído como la historia de una libreta donde se registra, los pasos errantes y peregrinos de la experiencia de la escritura. Ese carnet o cuaderno de apuntes, como amuleto u objeto de una superstición literaria, acompañará al escritor desde sus iniciales copias y transcripciones de historias kafkianas a los actuales croquis y bocetos literarios. Ideas, proyecciones y esquemas que parecen surgir de la cohabitación, intensa o pausada, en algunas estaciones de la vida del escritor, con una vieja libreta verde.
Los lazos conflictivos y tensos entre la escritura manual y la digital será uno de los motivos centrales que el autor recorrerá en su último ensayo. Así, el recuerdo de la experiencia de la escritura en su modo manual, el repiqueteo mecánico de los golpes sobre las teclas, o el imborrable timbre de un carro en su fricción sobre una tela entintada, reaparecerán en algunas prácticas artísticas como certificación actual de la simulación caligráfica y reproducción analógica de sus precursores materiales. Frente a la titilación incandescente de la pantalla señalarán, si se quiere, las formas de una historia del desplazamiento. La intriga o el misterio de la escritura manual ingresarán, otra vez, en la contemporaneidad, bajo nuevas modalidades digitales que modifican el sentido y el concepto material de su inscripción.
Es así, como en la reverberación de algunas experiencias, tanto literarias como plásticas; se repone la garantía de verdad de los manuscritos, y, en fricción con los anuncios proféticos de Walter Benjamin, asistimos a un retorno aurático. Ciertos empeños grafológicos en actuales formas de reproducción y de transcripción digital, son así puestos de relieve, en el ensayo, para poner de manifiesto algunos ejemplos de una mediación siempre conflictiva con el estatuto previo, físico y material de la grafía manual. Las instalaciones borgeanas y menardianas de Fabio Kacero, las transcripciones ilegibles en la serie sesiones performativas de Jim Youd, con su descomunal proyecto de reproducir mecánicamente cien obras de la literatura universal, los manuscritos encuadernados e ilustrados a mano en Joaquín Torres García,  el repertorio de trazos ilegibles y asémicos de Mirtha Dermisache, o el proyecto de Esteban Feune con sus Fotografías de libros intervenidos por 99 escritores, son puestos, a modo de ejemplos, como pruebas de la reproducción icónica del original o como retorno de los manuscritos por otras vías. Si para Boris Groys el carácter efímero de las instalaciones reemplazan el lugar social que antes tenía la novela en el siglo XIX, las “Mutaciones” de Agustín Fernández Mallo, los relatos-esquemas donde se repite, bajo los efectos del mapa digital, los trayectos urbanos de Smithson por New Jersey; las instalaciones verbales de Lorenzo García Vega que tienden a desacomodar la temporalidad literaria habitual; o las entradas, las cadenas virtuales y la  búsqueda de una nueva sintaxis a partir de los nuevos soportes digitales, en Carlos Gradin, ya sea en Charly-gr (spam) o en El peronismo es como, parecen afirmarse en nuevos protocolos y principios constructivos; y preanunciar modalidades del realismo por fuera de sus antiguas convenciones. Los subrayados, las anotaciones, las huellas de la manipulación física en los diarios, libretas o manuscritos, parecen resurgir con las técnicas analógicas del escaneo y por las reproducciones icónicas de los originales.
Cuando el oleaje de la memoria vuelve a traer el recuerdo grávido del encantamiento juvenil por el descubrimiento y la lectura de los papeles personales de Enrique Wernike, en viejas páginas de la revista Crisis, la reproducción visible de la letra única y privada del autor en su libreta, en una imagen como prueba tangible, inscribirá las instantáneas reflexiones sobre lo efímero en el arte a partir de un relato de César Aira. Las transformaciones perpetuas de las figuras sobre los pliegues de un papel delgado y efímero, a modo de ofrendas que los parroquianos entregan a una niña que corretea entre las mesas de un café, parecen disolverse, mientras su imperturbable madre dialoga con una amiga; al mismo tiempo que el autor, luego de una consulta oftalmológica, anota el título de su futuro proyecto. 
Es  verdad como dijo alguna vez Nicolás Rosa, el hombre pudo no haber escrito nunca y por ende no haber leído jamás. Las  actuales tecnologías  de  comunicación, en sus diversos registros y formatos, inciden  en  nuestra  vida  cotidiana y  articulan nuevas formas de experiencia pero suelen ocultar las intrigas y los misterios de una escritura.
En una línea del tiempo, las vacilaciones e incertidumbres de la letra sobre la pantalla son acompañadas por un cuaderno verde medio oculto sobre la mesa.




                                                                                                                        Por Edgardo H. Berg
                                                                                                 

                                                        (publicado en el Suplemento Literario de Telam, Octubre de 2015)

viernes, 28 de agosto de 2015

Sergio Chejfec y Graciela Montaldo en la Facultad 






El viernes 21 de agosto del 2015 estuvieron en la Facultad de Humanidades Sergio Chejfec y Graciela Montaldo. Ambas charlas fueron organizadas por el Grupo de Investigación “Literatura, política y cambio” (Celehis) de la Universidad Nacional de Mar del Plata  y por el Área de Literatura Argentina. En un diálogo abierto con Edgardo H. Berg   que se extendió  a los concurrentes, Sergio Chejfec presentó su último libro Últimas noticias de la escritura,  publicado recientemente  por la Editorial Entropía en su colección “Apostillas”.  Un pasado cultural y literario en vías de disolución que persiste en viejas libretas de apuntes y en carnet de notas, la relación conflictiva y tensa entre la escritura manual y los nuevos protocolos de la escritura digital, la tangibilidad del manuscrito que resucita en actuales textualidades e instalaciones artísticas, las técnicas de los nuevos soportes de escritura como el análogo y la simulación  que parecen configurar un nuevo verosímil realista, fueron algunas de las cuestiones desarrolladas por Sergio Chejfec. 




Graciela Montaldo, presentada por Nancy Fernández, conversó sobre su último libro, cuya redacción finalizó recientemente y que publicará en el sello del Fondo de Cultura Económica (FCE). El mismo organiza una serie de objetos culturales en torno de las primeras décadas del siglo XX, donde las huellas de los nombres, de las fechas y los lugares, promueven el registro de una materialidad. Sin embargo, géneros, discursos y versiones, lejos de proponer una precisión referencial,  suponen problemas relativos a prácticas que involucran por igual, al objeto y a la metodología de investigación, presentándola como una mirada descentrada, que recorta para sus textos el lugar del interrogante.

miércoles, 14 de enero de 2015


Nancy Fernández. Poéticas impropias. Escrituras argentinas contemporáneas (Universidad Nacional de Mar del Plata, Mar del Plata, 2014).

          
No es sencillo dar con lecturas que sean tan coherentes y tan consecuentes con un determinado paradigma teórico y crítico como lo son las de Nancy Fernández. Las claves de lectura a las que apela, las líneas de lectura que traza, no sólo atraviesan las diferentes partes y los diferentes objetos desplegados en Poéticas impropias, sino que remiten por caso a (y resuenan por caso desde) sus Narraciones viajeras, el libro que en 2000 dedicara a Saer y a Aira. Y es que sabemos que toda crítica literaria sólida postula, desde su misma práctica, determinada concepción de lo que es la literatura y determinada concepción de lo que es leer (para discrepar, o para confrontar, se lo diga o no, con otras concepciones posibles). Pero esa premisa asume, en el caso de Nancy Fernández, una disposición tan constante, un tono tan compacto, una resolución tan subrayada, que hasta podría decirse que cada una de sus páginas puede llegar a funcionar casi como una especie de manifiesto.
            Hay una fuerte presencia de la teoría y la crítica en Poéticas impropias: no están ahí tan sólo por el saber que puedan proporcionar, sino también por el saber que pueden ayudar a producir. La remisión a Roland Barthes, a Deleuze, a Foucault, supone más que una apoyatura, excede la función del suministro discrecional de conceptos; Nancy Fernández los convoca para así ponerles nombre a una sensibilidad y una competencia de lectura. De igual manera, las referencias a Nicolás Rosa constan para dar cuenta de una tradición y de una formación: menos para pagar una deuda, que es lo que suele decirse, que para acrecentarla con nuevos abordajes literarios.

            Las premisas de Nancy Fernández respecto de la literatura, las que en Poéticas impropias le van a permitir ocuparse de Copi o de Arturo Carrera, de Juan L. Ortiz o de las escrituras argentinas más actuales, de Tamara Kamenszain o de Leónidas Lamborghini, se nutren de las coordenadas ya canónicas del postestructuralismo francés, por una parte, y por otra de esa heterodoxia argentina (y de las ondas expansivas de esa heterodoxia argentina) que se llamó Literal. Por eso Nancy Fernández lee en procura de rupturas de límites, desvíos de la norma, opciones de margen, labilidad de fronteras; lee poéticas del borde, reactualizaciones vanguardistas, transmutación de valores y redefiniciones de lo narrable; lee derivas, contingencias, devenires, travestismos, significantes en su materialidad.

            Dos renuncias vehementes determinan el horizonte general en el que van a transcurrir estas lecturas críticas: renuncia a la “transparencia de la ilusión referencial” y renuncia a toda comunicación directa y clara. La literatura, o estas literaturas, responden a otra clase de afanes. Se desvinculan con toda intención de un principio de semejanza con alguna realidad exterior, para promover tanto mejor “cierto equívoco entre lo real y lo ficticio” o para “producir realidad” desde sí mismas. Si alguna clase de realismo se considera, ha de ser paradojal (como en Copi, en quien lo real es artificio), o reinventado (como en Aira, que no presupone realidades naturales) o desmarcado de sus convenciones clásicas (como en Leónidas Lamborghini, que a la vez recupera el legado de las vanguardias).

            El exceso en la escritura, o bien la escritura en exceso, habilita (por caso, en Copi) un “gasto gratuito del sentido”, de tal modo de emanciparse del predominio de una finalidad comunicativa. Es lo que Nancy Fernández va a resaltar tanto en el neobarroco de Arturo Carrera como en Literal: la práctica significante inscripta en la propia textualidad, para lograr “una palabra fraguada en la clandestinidad, resistente a la comunicación y a toda regla de aceptabilidad”.

            Esta literatura que no refiere ni comunica, es decir que no lo hace de manera directa o prioritaria, designa, en su radicalidad, el tipo de perspectiva que Nancy Fernández decide solventar. Y es la que le va a permitir, en primera instancia, atesorar ese corpus que es canon y a la vez contracanon: en pleno Literal, Zelarayán; en la proximidad de Literal, Kamenszain; retomando, vía Lamborghini, a Literal, César Aira, y así siguiendo. Luego, con la misma determinación, es la que le va a permitir abrir discusiones, contrastar escrituras. Discusiones: una sección considerable de Poéticas impropias vuelve sobre la cuestión de la autonomía; lo hace remitiéndose a Adorno, a Tel Quel, a Andreas Huyssen; desde ahí entabla sus divergencias con la noción de postautonomía que Josefina Ludmer propuso e instaló como una provocación a ciertas ideas demasiado establecidas respecto de la literatura.

            Contrastar: los realismos percudidos o desconcertantes le permiten a Nancy Fernández examinar de otra manera los realismos convenidos de la narrativa argentina de estos años, las rebeliones contra el imperativo de la comunicación le permiten resaltar la ausencia de fabulaciones crípticas en esas mismas narrativas; los desafíos a las reglas de producción y distribución del arte, sostenidos desde una voluntad de ruptura, le permiten advertir el acatamiento preponderante en estos tiempos.

            Así estas Poéticas impropias alcanzan el sentido más potente de su tan esmerada composición de una tradición alternativa: la posibilidad de ambicionar una visión diferenciada del presente y en el presente.



MARTÍN KOHAN

(Nota ´publicada en RCLL, nº 80, 2014-1015)

lunes, 25 de noviembre de 2013

El porvenir de las tradiciones


El porvenir de las tradiciones

"Un fantasma recorre el pensamiento crítico sobre la literatura: el de su fin. La renovada profecía apocalíptica, sin embargo, no arredra el progreso de estos papeles que, atentos a “la emergencia y la disputa de las escrituras múltiples”, desde “una mirada crítica, por momentos, descentrada”, interroga a la literatura sobre sus usos y fundamentos”.Ya desde el “Prólogo”, Edgardo Berg sintetiza el centro de gravedad del volumen con una serie de preguntas que lo atraviesan: “¿Cómo leer el tráfico literario por fuera de la práctica del link y de la vocinglería post? ¿Cuál es el lugar de la literatura en la actualidad? ¿Qué será de la literatura?”.  Papeles en progreso II consta de cuatro partes: “I-Narrativas” (Correa, Berg, Mugica), “II-Poéticas” (Fernández, Mesa Gancedo, Cámara), “III-Interferencias” (Bollig, Wolf), “IV-Intervenciones” (Soberón, Kohan), que interpelan las ideas de “uso” y “tradición” a partir de un corpus que atraviesa el último medio siglo de nuestra literatura.

La primera parte abre con el ensayo “Silencio, destierro y astucia. Sobre la ‘Serie de los Irlandeses’ de Rodolfo J. Walsh” en el que Joaquín Correa desmonta la trama “geológica” que articula la tríada de cuentos. A la luz intertextual de Dublineses y de Retrato del artista adolescente, de James Joyce, y de precisos elementos tratados como micropartículas de “una pieza minimalista” (cuerpos, violencia, héroes, conciencia comunitaria y conciencia individual, adentro y afuera), Correa traza las líneas matrices de un sistema al que llamará, con acierto, “la pedagogía del desamparo”.

El trabajo de Edgardo Berg, “La duplicidad de lo real: Blanco nocturno de Ricardo Piglia” propone tres encuadres de aproximación a la novela: el de la mirada, el de la duplicidad y el del uso político del género policial. En esta lectura, la experiencia de lo visible (“mirar es mirar la relación entre las cosas”) no sólo funciona hacia el interior de la novela sino también hacia la reflexión teórica sobre el estatuto de la verdad y las condiciones de la ficción. En la “mirada bajo sospecha” que recae sobre los personajes descentrados (Croce y Luca Belladona) y en el “antiguo linaje literario” que culmina en el detective de Piglia, Berg encuentra las ficciones (paranoicas e identitarias) que filtran hacia la superficie una trama siempre oculta entretejida con la verdad y el poder. Esta duplicidad será una clave de lectura en la que “lo mellizo”, el símil y la duplicación establecen “dos historias”: aquella en la que “reside el enigma y se produce la tensión que mantiene el suspenso” y la otra  en la que se descubre o se sugiere la verdad”. Los puntos de convergencia de esta dualidad (el enlace entre “la textualidad del autor y la historia de vida de sus personajes”, la actualización del debate “campo/ ciudad”, la puesta en superficie de una doble moral territorial y económica, el vínculo siempre renovado entre lo policial y lo político) serán la apuesta fuerte en la que tanto Berg como Piglia parecen apostar por “la permanencia de la literatura como interpelación social y experiencia crítica del mundo”.

 
Nancy Fernández y Edgardo Berg
Nancy Fernández y Edgardo Berg
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En “Las teorías salvajes de Pola Oloixarac: una aproximación”, Fernanda Mugica apela a una ambiciosa concepción de “sintaxis” (“como arma de guerra”) para enfrentar la propuesta experimental de la autora. Poniendo a prueba categorías tradicionales previas a la “cultura del link” (espacio, tiempo, cita, referencia, alusión, narrador, metarreflexión, autorreferencia, collage, etc.), encuentra en la Buenos Aires atravesada por Google Earth, escenario de la novela, “una vuelta de tuerca al realismo” a partir de “lo real intervenido” y, en la continuidad entre la materialidad y la digitalidad, una aspiración oscilante que va del collage al compendio totalizador. Sin dejar de dialogar con “el trasfondo salvaje de las relaciones de nuestro presente” que Horacio González percibe en Las teorías salvajes y con esa “narradora hípereducada” que Beatriz Sarlo pone como eje de la novela de Pola Oloixarac, Mugica hace de su fascinación un itinerario de lectura signado por una sensibilidad poscontemporánea.

La sección “Poéticas” abre con “Algunas formas de la experiencia en Léonidas Lamborghini y Juan Laurentino Ortiz” de Nancy Fernández. El poeta urbano, signado por la historicidad, le permite una lectura de los usos de la tradición oral a través de su “poiesis” inclinada hacia el refrán, el tango y la gauchesca; el poeta de la naturaleza (no por eso exento de “razón mística”) le plantea, en su “opción por el margen” y sus “filiaciones”, los modos por los que fundar una tradición desde una trama “de continuo y en silencio” adquiere el valor de una libertad no negociable. Con estos ejes, Nancy Fernández indaga la categoría de tradición desde una concepción “dinámica y productiva” que, centrada en los tiempos de la literatura, desestabiliza los tiempos de la mera inmediatez.

“El tiempo del poema largo, ‘Las encantadas’ de Daniel Samoilovich”, de  Daniel Mesa Gancedo, se detiene en los problemas teóricos que ese “género-forma”, el poema largo, “plantea a la escritura lírica” contemporánea. El poema, entendido como extensión, como duración, resulta aquí motivo de confrontación con el universo de la memoria, la historia, la lectura, la escritura. Remontando el proceso de creación del texto, Mesa Gancedo apela a lo extratextual como constitutivo del texto y encuentra en la voz del poeta Samoilovich, registrada por mecanismos tecnológicos, un artificio que colabora con el sentido.

El trabajo de Mario Cámara, “Poesía e historia en Punctum de Martín Gambarotta”, reflexiona sobre el contexto de aparición y la controversia (Saer-Desiderio, “zona”-“zanjita”) con las que el poemario interpela un ciclo histórico que escapa a la linealidad histórica y da el salto de los setenta a los noventa. La noción de “punctum” se enfrenta aquí no al tradicional “studium” sino a una renovada lectura del “spectrum”. El retorno de los setenta en los noventa, atravesado por cortes en el habla es, para Mario Cámara, materia prima fundamental para el abordaje de una poesía que reniega del exceso de literatura y que ha decidido una “apuesta por el fracaso”.

La tercera parte, “Interferencias”, se inaugura con “Washington Cucurto: cartonerismo, política y poesía” del inglés Ben Bollig. La mirada descentrada del crítico vislumbra en “la estética del robo” (“Borges era un chorro”, “Perón le roba la sonrisa a Gardel”)   que Cucurto enarbola programáticamente una forma de “intervención política”. Los  artificios del poeta vinculados al nombre de autor (la pseudonimia y la ficción autobiográfica) son el móvil inicial de un sistema de falsificaciones y clandestinidad que acaba por articularse en una teoría político-literaria, que por momentos parece una vindicación de la ilegalidad inmigratorio-contrabandista.

En “Josefina y Flora I. Posautonomía y crítica ficcional”, Jorge Wolf pone a discutir las propuestas teóricas de Josefina Ludmer (“posautonomía”) y Flora Süssekind (“crítica ficcional”). Con base en reflexiones surgidas de la propia literatura (Saer, Aira, Carvalho), Wolf enmarca el debate como parte del pensamiento abocado a las metamorfosis contemporáneas de la lectura-escritura. Las posturas de las autoras se convierte en terreno propicio para la verificación de una sospecha que las sobrevuela: enredada en la tensión entre la crítica como ficción y la ficción como crítica, la idea del fin de la especificidad literaria y la de la inquebrantable ética del valor quizá impidan ver, con su radicalidad, las historicidad evidente que las contamina.

“Intervenciones”, la sección que cierra el libro, consta de dos ensayos: “La novela sin tradición”, de Fabián Soberón, y “Novelas de frontera”, de Martín Kohan. Se trata de dos reflexiones sobre la novela en las que al asedio del “pos” se le impide la invasión irrestricta. Fronteras hacia adentro, desde Tucumán, Soberón propone, como si no fuera utópica, la fundación de una tradición futura. Las novelas Pretérito perfecto, de Hugo Foguet, La prisión de Bautista, de Dardo Nofal y Salven nuestras almas, de Samuel Schkolnik (junto a los cuentos de Juan José Hernández) son la plataforma de reacción contra un canon que percibe como impuesto. De espaldas a la metrópoli, Soberón hace de su deseo programático una necesidad (desterrar el costumbrismo y el prejuicio folclorista, disputarles la tradición a los tradicionalistas). La apuesta tiene de provinciana lo que de provocación: un gesto a destiempo que pugna, acaso como hasta hace poco Lamborghini, Libertella o Fogwill, por una literatura que no suele figurar en las Historias de la literatura argentina. Fronteras afuera, expandiendo el sentido de “tradición” que recorre el libro, Kohan elige dos novelas del mexicano Yuri Herrera, Trabajos del reino y Señales que precederán al fin del mundo, para desmantelar todos los lugares comunes sobre “la frontera” con los que se suele ocultar el hecho material y concreto de que los aparentes puntos de pasaje son, al mismo tiempo, límites territoriales, administrativos, estatales, culturales, jurídicos, aduaneros (y demás especies) con control monodireccional. La imporosidad de la frontera México-Estados Unidos será un motivo, el narcoimperio será otro, en los que Kohan  ve una justificación referencial para el “encuadre premoderno” (“paradójica ‘lengua latina’, que ahora es marca del subalterno, la certera superioridad del ‘ejército más poderoso del mundo’”) con que Yuri estructura el universo representacional de estas novelas. En el tiempo del “pos”, mediante una institucionalidad no siempre legítima y arbitrada por otro, mediante ciertos sistemas en los que la “pertenencia” define la vida o la muerte, nos dice el autor de Dos veces junio, pareciera persistir un orden imperial-medieval sin contemplaciones.

En esta segunda entrega, el grupo de investigación “Literatura, política y cambio”, radicado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, no sólo avanza en el estudio de la literatura argentina sino que, además, y quizá por sobre todas las cosas, pone en escena una concepción de crítica en la que la pluralidad de voces y perspectivas no es un postulado vacío y en la que el motor de la reflexión sigue siendo, antes que nada, la literatura".

lunes, 7 de octubre de 2013

Papeles en progreso II (2013)


Con diseño de tapa de Daniel Baino y ensayos críticos de Edgardo H. Berg, Benjamin Bollig, Mario Cámara, Joaquín Correa, Nancy Fernández, Martín Kohan, Daniel Mesa Gancedo, Fernanda Mugica, Fabián Soberón y Jorge Wolff ya circula el segundo volumen de Papeles en progreso del Grupo de Investigación "Literatura, política y cambio" de la UNMdP. 

Reproducimos un breve fragmento:

"Las intervenciones de este volumen no son una simple colección de ensayos. Bajo la forma de una mirada crítica y por momentos descentrada, los trabajos de los autores del libro atraviesan sobre el contexto de la cultura latinoamericana contemporánea la emergencia y la disputa de las escrituras múltiples. Las diferencias entre los tiempos y las intensidades de este libro, hilvanado de acuerdos y desacuerdos, exhiben los movimientos de una misma composición que interroga a la literatura sobre sus usos y fundamentos. ¿Cómo pasar de un relato a otro cuando la serie se transforma en una metáfora política? ¿Cómo entrever más allá del escamoteo los usos plurales y abiertos de una tradición pensada desde un lugar dinámico y productivo? ¿Es posible todavía indicar los puntos de inicio desde una política del corte? ¿Cómo leer el tráfico literario por fuera de la práctica del link y de la vocinglería post? ¿Cuál es el lugar de la literatura en la actualidad? ¿Qué será de la literatura?" (Edgardo H. Berg)

jueves, 27 de septiembre de 2012

martes, 11 de septiembre de 2012

Plebella. Más sobre poesía contemporánea.

PLEBELLA. POESIA ACTUAL


...y después de la celebración por sus 25 números, la revista Plebella, dirigida por Romina Freschi, prepara una novedad para considerar (o mejor, para leer). Hacia fines de este 2012 sale por EUDEBA el libro antología de la revista. Lo esperamos.